A menudo los niños juegan mientras comen, lo que lleva a que se levante y se tenga que ir detrás suyo para que coma, se dilate el tiempo de comida, se manche y se desordene el entorno de la comida.
No se trata de niños que no quieran comer, normalmente se distraen y prefieren jugar a comer.
Otro problema importante es el tiempo que se dedica a las comidas. Lo más importante es ser consciente de que provoca la demora en las horas de la comida.
A menudo los adultos le podemos dedicar poco tiempo a las rutinas alimenticias. Este tiempo puede ser suficiente para nosotros pero no siempre lo es para los niños y más si queremos que aprendan a comer solos. Es importante ver si el tiempo que dedicamos a la comida es el necesario y correcto para nuestros hijos.
No todos los alimentos necesitan el mismo tiempo de ingesta, va a depender mucho del tipo de alimento y de las preferencias alimenticias del niño.
En ocasiones nuestro hijo se niega a comer un tipo concreto de alimento o no quiere acabar lo que ha empezado en el plato. Por otro lado su rutina alimentaria no es siempre la misma, hay comidas en las que come solo y bien, y en otras no come nada. A menudo se une a la necesidad de que el adulto le de la comida personalmente.
A menudo se puede determinar qué tipo de alimentos son los que producen una negativa y no se quieren ingerir.
El sabor del alimento, el olor, el color, la textura o la forma de cocción pueden ser la causa del rechazo. Conocerlo nos va a permitir intervenir y trabajar mejor sobre el problema.